Ciruelos de amarra

Nacida a sus ramas eras fruta
y no sabías cuanto del jugo
en los vientos del Sur,
dentro de la chacra jamás una queja,
allí fueron, Alicia, tus ojos verdes
como hojas brotes
anzuelos de hiedra a las paredes
de su amor, él era un hombre de adobe,
y tú de mí
mi espacio más hondo
nunca suelta, de amarra aquellos ciruelos,
tú eras mi conejo blanco
y tiempo de eterno,
muelle de clorofila, de campo
tranquera antigua
cadencia de un concierto
violines y ciruelos
y ciruelos el color de tus mejillas
niña buena vestida de fiesta,
de siempre domingo
en tus manos
quietos, ellos muy quietos
carnosos y vivos
de hervor, dulce en las ollas viejas…
cocina comedor con sillas de paja,
mermeladas la vida nuestra.
No estés triste pequeña
amarra tú los ciruelos
que yo te suelto de frutales los gestos,
mi yo más cándido y bueno
te alaba porque así
degusto el instante
éste de sones de cuerdas
mientras observo tu frente tibia,
mansa,
tu cuadro al óleo
sujeto al árbol más antiguo,
nidos robustos criaste con tu mirada
de gorriones llenos
de avecillas humildes,
de pan y besos.

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Licencia de Creative Commons RosaBuk2008

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