El pajarito de la señora de Tasca

Por nacida mujer, pequeñita mujer
buscada de plegarias en teclas de un piano,
ay, del origen, madre,
en ese clan de hombres complacientes, y de coraje
atravesando océanos,
bodegas de barco, repletas de bolsas
y gente
perdiendo el idioma natal.
Eran los años de penurias y atracos, confundidas
las historias de trincheras guerras de lejos, mi padre
y su hermano Manuel,
entrando al puerto de Baires con una gorra
encasquetada sobre la frente,
la sombra de una estrella amarilla en su brazo izquierdo
y un hambre de azúcar.
Desde siempre lo supe por tus cuentos
alrededor de carbones ardiendo,
ahumando los rostros de mirada lánguida
y por las fotos del cajón largo del chiffonier,
amo las fotos viejas con perfume
con ojos muertos que me miran.
Abuela Berta fue sombrerera en el barrio de Flores,
plumas y velos,
sinuosidades cubriendo los gestos,
calles cruzadas de hombres sin conejos
relojes de poche, con bigotes gruesos
cara serias,
perdidas de padre ausente,
sin Alicias pequeñitas en sus ojos…
Ninguno sabía del pajarito de la señora de Tasca,
nuestra vecina de Munro lo cuidaba
canario cantor,
lo cuidaba con una mantita de noche cuadrillé
y puntillada
mi madre era feliz, iba a verlo con Alicia
y yo, que hacía yo debajo de la cama?
¿Cuántas niñas era de esa niña con vestidito recién lavado,
por qué Alicia me provocaba el escape?
oh, las tablas de pinotea se movían vivas
como las de las bodegas del barco
y la noche del festejo de mis años de diecisiete
o dieciocho, no me acuerdo…
huí con el pajarito
de la vecina de la vuelta,
porque mi madre siempre había deseado uno
porque una casa no era una casa
si no tenía un pajarito en la cocina,
y yo la entendía…desde mi corazón la entendía
no había palabras, sí poesía,
toda la poesía…lo recuerdo bien…
cómo hubiera deseado que Alicia no viniera esa noche
pero, la fiesta de mis años llegaba en olas de saludos
y la noche de las tablas socavón
era evidente.
Debía huír con él,
me apreté frágil a la memoria de su canto seductor,
en mi cabeza tenía alas de canario
debía saltar de la casa memoria
paredes rotas,
debía aprender a volar
como nunca pudo aquel pajarito de la señora de Tasca
porque yo no quería morirme de pena,
y mi madre lo sabía.

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