La ondina

La vi llegar,
muy leves sus ropas
mojada de lago y de sol,
traía ramas de tilo, aromas
balanceo de primavera en la brisa…
Alcia, juguete de tu boca, ay!
no cantes Debussy a esta hora
que no es de mar ese espejo,
no, no lo digas,
que padre nunca la conoció
y sin embargo tenía su rostro,
sus ojos azules polacos
y un desdén de bailarina que vuela
con sus pies de algodón,
sanando.
La ondina de mí
asomó en aquella puerta
tirantes de maderas húmedas
de eucalipto y laurel
en la casa de campo,
donde se mecía un bote, se mecía
sí, como la cabeza gacha del tío,
Jacobo era su nombre, él la veía
él era un niño, lo recuerdo bien…
comprendía esa danza
y bailaba despacio con ella,
por siempre joven fue siendo nosotras,
hermosa, convivía devaneos de mujer
sin estatura de los años,
ondina de nuestros sueños…
así fuimos Alicia, te acuerdas?
en los espejos debajo del agua
lago del cuento de la familia,
lago que padre Moisés nunca pudo ver
de viaje, siempre de viaje…lejos..
ay, de mi amor escondido
en cada llegada, en cada sonrisa
la ondina fue un puente
sin saberlo,
ella me seguía en los abrazos
mágicos,
en los besos en las mejillas,
niña que guardaba secretos
alabada niña, mujer de rocío,
en el lago de campo
de tío Jacobo, mi perdido tío,
te busco, padre,
y junto a él
te encuentro.

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Licencia de Creative Commons RosaBuk2008

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