Mi madre Esther, y sus alas de oro

Eras, madre querida, tan rara
y tan linda
como tus alas, de oro, sí
esas de montar los sueños
junto a mí
a mi Alicia pequeñita.
Amar, repetías, es palabra divina
no lo olvides Rosita…
enloquece, gira, canta…
albor de caricias tus palabras
de un mundo perfecto
o perfectible…
en el Zoo de Baires abrimos las rejas,
en los Parques de Ciudadela
y en las caminatas
sin una moneda en los bolsillos,
fuimos felices
atardecer mío, madre, Esthercita fuiste
sin salvación unida a Moisés,
atardecer del yo
mi niña rosita percibiendo dolor
y un gran monte de lentejas
en las cenizas.
Juntas madrecita,
de aventuras locas nos hicimos
pájaro en ramas de primavera
eternizando
gorjeos de un piano en concierto,
en nuestra casa
la vieja casa de Munro
y el Chassaigne Fréres
que a cuatro manos deslizábamos melodías,
amábamos esas teclas de nácar,
rotas y amarillas
pero, teníamos sonrisas para volar,
alas de polvo de oro me diste,
y las cuentas de lentejas
quedaron en su sitio,
piedras al pie de esta historia
sosteniendo.

Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

Licencia de Creative Commons RosaBuk2008

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *