La noche de los fogones

Hoy no llueve en Baires, Abel…cosa rara…
cosa e´ mandinga diría el maestro Chúcaro,
el viejo bailarín que vos no conociste, un mito,
yo te lo pinté tan alto como un gigante de las Pampas,
de poncho de alpaca a rayas y botas de potro con polainas
y…con su filosofía tan sabia de hombre de campo
y regocijo en las salamancas…un brujo de los buenos
un genio! él me había dicho muy serio, mirándome a los ojos:
nunca bailés, Rosita, por bailar, la chacarera es entrega, m´hijita,
hacelo nomás si te vas a dejar enamorar…
nunca lo olvido…así que te lo pido flaco lindo
hoy no quiero tango, dale! sacame a bailar chacarera!
Enamorame Abel, otra vez…mirá como te lo digo
tengo las manos temblando y los ojos húmedos…
y un viejo corazón que te llama desde lo más hondo
desde nuestro Paulo Freire, desde nuestra Violeta Parra,
desde el Chango Farías…desde el corazón mismo de la patria
telúrica tengo las faldas, toda floreada y con volados,
como a vos te gustaba, te juro que la zarandeo como aquella vez,
te acordás? como esa de la noche de los fogones en Tortuguitas.
Todo estaba listo, guitarras y bombos hacían tronar la tierra,
nada nos importaba ese día…era nuestro, tan nuestro que
ay, yo me creía un jardín de margaritas
y en ese instante me olvidaba de todo,
bailábamos en “patas” sobre la tierra seca,
polvareda y banderas de libertad
los fogones al rojo vivo de fondo…y ese violín…
lo escuchas? quién era Abel?
quién podía cortar el aire como ala de ángel…quién?
ya no recuerdo su nombre pero si su rostro moreno
inclinado sobre las cuerdas…
inclinado sobre su almita pura,
como todos…mi flaco lindo,
como todos que terminamos esa noche
con un gran Pericón de pañuelos, porque tango,
chacarera y pericón eran patria,
y aquí te lo traigo mi bien.. a coro de aquellos amigos
que palmeaban al compás, sabés? yo la sentí a la Telesita
te lo juro! el fuego de los fogones estaba bailando más allá…
y vos y yo, mi amor no podíamos parar de sonreír y llorar
porque esa noche de fogones era una de las últimas…
o la última, y las chacareras seguían y nosotros también,
a muerte Abel, a muerte lírica, hasta el fondo de la chaya,
y hasta el fondo mismo de nuestros besos, ¡todos libres!
todos cantados de menta y un soplo de viento que nos nombraba.

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Licencia de Creative Commons RosaBuk2008

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