Tanguera

 

Baile agitado de la milonga esa noche
vos y yo amando, cuerpo a cuerpo,
fuertes y ligados, tan fuertes como una queja
y tan tristes esa vez,
habían avisado de los trenes, te acordás?
tenías que irte de los lugares
de las casas, de los perros,
no queríamos que te fueras, yo no quería, mi amor…
y vos bailabas como un loco y me arrastrabas
mis pies calzados de alto y fino tacón casi sobre tus pies,
pegadita a tus piernas… mis delgadas piernas
y entonces vos me enredabas más, pero de besos en el cuello,
y mi cabeza se quebraba, se caía doblada a tus labios.
Ay, Abel, que no te fueras lejos
que te quedaras en la noche del delirio
que Benedetti nos salvara codo a codo en la calle
que Galeano nos diera la utopía y los barcos
que el flaco de Chacabuco nos reclamara el aguante
querido, mi querido… que más que milonga esto era un crimen
sí, Abel, un crimen que no debíamos permitirnos
no debíamos gozar en las vueltas y los tajos
y enredos de nuestros cuerpos,
amor del alma mía
mi Abel… mi hombre, mi niño tierno,
que aquella noche no terminara nunca
como esta milonga roja, roja de sangre y luto,
que vos y yo trompo de luz fuéramos
que nosotros fuéramos la ilusión
que dejáramos veinte centavos en la ranura
y Tuñón nos llevara al Parque, al Cielo de cartapesta,
y la Giganta de Baudelaire nos alzara en sus brazos
sabés? eso quería yo, que ingenua, Abel, que ingenua…
entonces seguimos, nosotros empedrados de dolor
y emperrados deseando nos cosieran los corazones
nudo a nudo, sí, que nos cosieran así, juntitos como en el tango
como en esta milonga tan Tanguera, tan de Marianito Mores
tan hermosa… ay, me quedo temblando por su belleza
míticos compases que me aprietan el pecho
mientras pienso y, te lo digo Abel, escuchame…
querido escuchame… donde estés… escuchame…
quiénes hubiéramos sido nosotros dos
si no fuera por la maldita noche de los trenes?
No, no parés, seguí girando, llevame lejos Abel
que vos y yo, así, cosidos a la historia somos un mundo
y tenemos que hacerlo herencia en cada paso.
Brindemos por la vuelta, Abel, que la orquesta sigue, y yo
lo sabés, verdad? no, no me guiñés el ojo… tonto!
sí… te sigo queriendo, con toda el alma, Abel, con todos mis versos.

© 2008 Rosa Buk

La imagen y la música en cada poema fueron elegidas por Rosa Buk, cuando los publicó por primera vez en poesiapura.com

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